Inmersos en la sociedad de la prisa y la inmediatez
Tenemos tanto el foco en la prisa y la inmediatez, que el simple pensamiento de la calma y la lentitud nos sugiere connotaciones negativas.
¿Cómo no vamos a estar siempre estresados, alertados, irritados, y en la mayoría de las ocasiones, ansiosos?
Nuestra sociedad nos exige cada vez más ocupaciones, nuestro cerebro está sobreestimulado, y aunque está diseñado para estar siempre en funcionamiento, suele colapsar por no saber seleccionar, priorizar y descartar ante esos estímulos.
¡Todo es importante! (pensamos) Y además, algo nos ha hecho creer que todo es urgente. Y lo hacemos todo deprisa para llegar a todo; trabajo, casa, familia, otros compromisos, redes sociales, WhatsApp…

Y si por casualidad algún día hemos cumplido con todas nuestras altas expectativas de hacer muchísimas cosas en un solo día, y tenemos tiempo libre… nos buscamos más obligaciones, y seguimos corriendo. “¡A la sociedad no le gusta la gente improductiva!” resuena una vocecilla en nuestro programado inconsciente, así que nos esforzamos por hacer más, y más, y más…. y para llegar a todo, hay que correr.

Decelerar y priorizar en busca de la calma.
¿Qué pasaría si por un momento te imaginas que no quieres llegar a todo (hoy), y te estableces metas accesibles que no necesiten de esa prisa para alcanzar la inmediatez? (Inmediatez que, por otro lado, no siempre aparece, y es cuando entra en escena la frustración. ¿Te suena?)
Es posible qué simplemente tener esa nueva idea en tu cerebro te cause una ligera incomodidad: «¿Cómo no voy a esforzarme más y más para ser perfec…t@?»
¡Cuidado! ¿Qué es lo qué has pensado cuando te imaginabas que tenías que hacer menos? ¿Tal vez has pensado que te pedía que imaginases que no tienes que hacer nada? ¡Ten cuidado! Porque hacer menos, y más despacio, no es NO HACER nada, es HACER, es tener una actitud activa.
Sería muy normal que apareciese ese ligero rechazo ante la idea de hacer menos y más despacio, puesto que no es una idea a la que estamos habituad@s, pero ¿Qué beneficios te ha aportado el hacerlo todo rápido y con prisa? ¿y el quererlo todo para ya? ¿Qué beneficios te proporciona la impaciencia? Seguro que alguno si. Y, ¿en qué medida te ha perjudicado este pensamiento? Ponlo todo en una balanza
Hacer despacio, es HACER, es tener una actitud activa.


Hacer menos, es HACER, es tener una actitud activa. Hacerlo despacio, no es holgazanería, es HACERLO. Entre todo y nada, hay infinitos matices. Entre “lo más rápido que pueda” y ”no lo hago” hay infinitos matices.
Te invito a que pruebes a hacer las cosas más despacio para que puedas ser consciente de QUÉ es lo que estás haciendo, PARA QUÉ lo estás haciendo, POR QUÉ lo estás haciendo y, sobre todo, CÓMO lo estás haciendo. De esta manera puedes hacer tus actos más productivos y eficientes. Estás haciendo tus actos más inteligentes y provechosos.
Me hago cargo de que la sociedad en la que vivimos no es la ideal para practicar esta calma, incluso encontrar nuestros momentos de quietud. Me hago cargo de que hemos aceptado beneficiarnos de un sistema social que nos exige hacer mucho en el menor tiempo posible. La sociedad no te lo pone fácil, pero la máxima autoridad en como quieres vivir tu vida, eres tú.
¿Y cómo aprendo a hacer las cosas despacio y con calma? ¡No se hacerlo de otra forma!
Todo es susceptible de mejora y todo se puede hacer de forma diferente, la cuestión es que descubras esas otras formas de hacerlo diferente. Aquí te dejo algunos consejos para que puedas encontrar tus momentos ¡y una vida! de calma:
- Prioriza
- Si tienes que hacer urgentemente (que no apresuradamente) 2 cosas igual de importantes, haz primero la que más te desagrade
- ¡Establece periodos de descanso!, incluso en tu trabajo, tal vez puedas dedicar 2, 3 incluso 5 minutos de descanso con relativa frecuencia. Cambia de posición, cambia de pensamiento, cambia de actividad (descanso tampoco es sinónimo de no hacer nada)
- Busca un momento cada día para ti. Para hacer lo que te gusta y te gratifica. Y por favor, no te sientas culpable por querer salir a dar un paseo de 30 minutos.
- Te propongo un ejercicio; cada día planifica hacer algo lento durante 5, 10 minutos, o el tiempo que consideres. Es más importante la constancia a que dediques muchos minutos.
- ¡Practica Feldenkrais! En las clases de Feldenkrais puedes explorar tu capacidad de movimiento, y casi siempre lo puedes analizar mejor cuando lo haces lento. Y descubrirás que hacerlo lento es sólo una opción, y que cuando quieras, también puedes hacerlo rápido, que es otra opción.
Y respecto a hacer las cosas con prisa, también me refiero a querer las cosas con prisa y con inmediatez. Échale un vistazo al tema de las expectativas y el deseo de inmediatez.
«Ve más despacio y disfruta la vida. Cuando vas deprisa, no solo te pierdes el paisaje, sino el sentido de adónde vas y por qué.»
Eddie Cantor


